martes, 10 de febrero de 2015

Nos vemos allá arriba




El último trimestre del 2014 me apunte a un club virtual a través Comunidad de Madrid. El título del club fue 1914: el año que cambió el mundo, en conmemoración del centenario de la I Guerra Mundial y estaba a cargo de autores Lorenzo Silva, Efraim Suárez, Ana María Trillo y Noemí Trujillo. Autores, algunos, leídos en este blog.

La verdad que la temática no me atraía demasiado pero me decidí, por cambiar de género y cultivarme, y con la motivación de un club a las espaldas ha sido más llevadero. Casi no he podido participar en los foros por ir rezagada en la lectura pero me ha gustado la implicación por parte del moderador del foro y los compañeros virtuales de lectura. De hecho, he decido repetir este trimestre con una temática que va más acorde con mis gustos para ver si consigo sacarle el máximo rendimiento a la experiencia. Os lo recomiendo.

El libro también.

Es más emocional y desarrolla la emotividad y sentimientos de los personajes  que una narración de hechos bélicos. La relación entre los todos los personajes que aparecen que convierte la historia en interesante desde el primer párrafo. Hay malos muy malos y víctimas, matrimonios por conveniencias, empresas fraudulentas y drogas.
Me gustaría poder hacer un resumen pero es destripar el libro y es interesante descubrir el final sin saberlo, a mí al menos me ha encantado eso. Algo, no obstante, tengo que decir:
Tres jóvenes al final de la guerra, en una última batalla entrelazan sus destinos. Uno de ellos atenta contra la vida de otro, y el tercero intenta salvarlo. Las dos víctimas quedan mutiladas, una físicamente y la otra psicológicamente, mientras el joven agresivo y sin escrúpulos, tras la guerra, emprende negocios con los cuerpos de los caídos en las batallas.

Aparece un funcionario revisando estos negocios. Me ha parecido un personaje autentico muy bien creado. Convence. Me apetecía prepararle un pollo asado y llevarle el traje a la tintorería.

Paralelamente, el artista mutilado consigue lanzar un negocio también fraudulento. El estrés postraumático, del que se ha convertido en su amigo, va intercalándose en el día a día de ambos, entre conseguir morfina para él e intentar controlar los nervios para que no den con ellos.

Intercambio de identidades, venta de dentaduras, creación de máscaras artísticas,… un conjunto de detalles y pincelas que hacen la lectura interesante y estar en vilo por terminarla.

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